jueves, 7 de marzo de 2013

Como vi el primer día de duelo en Caracas

                                       
 Eran las 11:00 am de un miércoles, soleado, brillante y silencioso. Nos disponíamos en un auto en dirección al centro de la ciudad capital. A medida que nuestro camino se acortaba, motos con personas vestidas de rojo llenan el paisaje vehícular y peatonal, algunos con caras de afligidos, otros con afiches con el rostro del difunto y muchos con el tricolor nacional en alguna parte de su cuerpo. En la entrada a Quinta Crespo se podía divisar a una gran cantidad de personas caminando rumbo a la Avenida Lecuna, supongo. Aquellos venezolanos, que transitaban por las calles transmitían un sentimiento de huerfanidad, quizás tristeza y hasta un poco de lastima. Las banderas a media asta en los negocios ocupaban gran parte del campo visual, mientras que en los edificios, especialmente los construidos por la actual gestión, ondeaban banderas rojas y pancartas de proporciones ingentes con palabras de agradecimiento. El auto avanza en este eterno recorrido de pocos minutos, imágenes se plasman en mi pupila con profunda reflexión emitida en frases cortas y pocas palabras. Poco a poco las calles aledañas al centro se llenan de personas, se mezclan policías, militares y la verdadera gente humilde, la que por afinidad de condiciones o expresiones verbales se sentían representados por el autoproclamado revolucionario. El no compartir la afinidad política con aquellos venezolanos vestidos de rojo, generan enigmas y cuestionamiento entre la razón y la percepción. Con cierto distanciamiento emocional se podía sentir el luto, las preocupaciones del porvenir, aspiraciones comprometidas y esperanzas paralizadas. Esa incertidumbre que no es buena para el país va creciendo, reflejándose en las miradas, que se podían captar en las calles. Ya en el centro de Caracas, todo está solo como era de esperarse, algunos van caminando apresuradamente hacia la plaza Diego Ibarra una vía directa a la Avenida Lecuna. Todo es silencio y hay más banderas a media asta que autos transitando, una imagen que pocas veces en el año y en la historia se puede apreciar. Son las 12:00 pm y nos disponemos a salir del centro muchas vías de acceso vehícular están cerrados por lo cual decidimos meternos por la parroquia del 23 de Enero para llegar a nuestro destino, una decisión con la que mi curiosidad se sentía satisfecha, pasar por uno de los sitios más emblemáticos políticamente del chavismo. En el camino, un grito llama la atención, un hombre de aspecto jocoso dice: “Chávez vivirás en nuestros corazones”. Me pregunto qué significa vivir en los corazones de la gente y cómo eso materializará aquello. Llegamos a la famosa parroquia caraqueña un silencio invade mi oídos apenas se escucha unos matorrales que se queman a lo lejos, toda casa, que mi vista alcanza ver tenía en sus ventanas la bandera a media asta, banderas rojas y pancartas de los colectivos con frases que comprometían su visión de país y la lucha armada. Pero el mayor detalle de aquel lugar era la desolación, no había personas por las estrechas calles, nadie se asomaba por las ventanas, nadie caminaba por las aceras, nadie espera las camionetas por puesto o el típico jeep, supongo que todos fueron a darle el último adiós al teniente coronel o simplemente estaban dentro de sus casas viendo la transmisión. Cuando el silencio se vuelve intolerable pienso en el impacto que había causado en el pueblo esa noticia ¿Quién murió? ¿Qué legado dejó la persona que murió? La historia nos juzga por nuestras acciones, lo que hacemos o dejamos de hacer nos define ¿En 20 años que dirán de los venezolanos de esta época? Los líderes vienen y van pero los pueblos viven por mucho más tiempo y son los que definen el futuro de sus individuos.

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